lunes, 23 de enero de 2017

Vive, desde siempre, con la maleta a medio hacer. En la juventud - durante 21 años- como corresponsal en conflictos bélicos a lo ancho y largo del mundo; después, y gracias a la experiencia acumulada en las trincheras, como novelista. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) nunca ha pensado en acomodar el trasero en su estudio y tirar de imaginación para escribir alguna de las 26 novelas que ha escrito. Viaja. Lo hace sin cesar. Por medio mundo.

Periodista cansado del oficio, académico rebelde de la RAE, creador de polémicas en Twitter más por la “incomprensión lectora” de la gente que por sus propios deseos y novelista de éxito que pare, uno tras otro, éxitos de venta. Nadie podría decir que el ‘padre’ de Alatriste es un hombre ajeno al conflicto. Y es que, debe ser que pasar dos décadas escuchando el silbido de las balas sobre tu cabeza deja en uno una huella imborrable: “Hay oficios que marcan.  Estás viendo lo de Libia o lo de Siria en el telediario y te dices, ¿por qué están en la frontera?, ¿por qué transmiten desde ahí, por qué no están dentro?”. Sus vísceras son las de un aventurero.

Prepara cada novela con la precisión de un cirujano –“para mí una novela significa un año o año y medio de viajes para, digamos, localizar exteriores”-y se documenta como si fuese a la primera línea de guerra: libros de la época, manuales, prensa, e incluso “cosas sobre taxidermia, cómo degollar a un tipo sin que haga ruido”, etcétera. Una vez conseguidos los pilares, trabaja en su estudio custodiado por más de 30.000 volúmenes. Un templo para la creación.

Es, Pérez-Reverte, el último caballero loco de un mundo que vive de espaldas a los valores del honor, la honestidad y la valentía para hablar sin miedo. Lo dice: “Siento melancolía y nostalgia de cuando esas palabras (honor, lealtad, dignidad, orgullo) significaban virtudes y se utilizaban con naturalidad”.  Un Quijote sabedor de su locura, de que vive en un mundo que ya no es el suyo y que el único recurso para escapar son sus novelas: “Soy consciente de la edad que tengo, de que el tiempo ha pasado, de que el mundo actual no es el de antes, de que el periodismo que se hace ahora no es el que yo hacía”.


Daniel J. Rodríguez//@DanielJRguez
Este texto es la reescritura de un perfil publicado en prensa
y forma parte de un ejercicio para el curso Periodismo Narrativo
de Escuela Revista de Letras impartido por Albert Lladó.

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